Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.
Lucas 24:49
🕊️ Devocional
El Espíritu Santo no es una idea, una emoción pasajera ni una fuerza impersonal. Él es la promesa del Padre dada a los hijos de Dios. Desde antes de Pentecostés, Jesús habló de Él como Aquel que habría de venir para capacitar, fortalecer y acompañar a su pueblo. La venida del Espíritu Santo no fue un evento aislado, sino la manifestación del cumplimiento de una promesa divina.
Dios nunca promete en vano. Cuando el Padre prometió derramar su Espíritu, estaba declarando que su pueblo no viviría abandonado, ni limitado a sus propias fuerzas. La vida cristiana jamás fue diseñada para ser vivida en dependencia del esfuerzo humano. Fue diseñada para ser vivida por medio de la presencia activa de Dios dentro del creyente.
El Espíritu Santo vino para hacer real en nosotros la obra de Cristo. Él no solo nos consuela, también nos equipa. No solo nos toca, también nos transforma. No solo nos visita, también desea habitar en nosotros de manera continua. Esto significa que no tienes que enfrentar el pecado, la enfermedad, la debilidad, la presión o la prueba con tus recursos naturales. Hay una ayuda divina que te ha sido dada.
La promesa del Padre sigue siendo preciosa hoy. El Espíritu Santo no es únicamente para los tiempos bíblicos, sino para la iglesia de todos los tiempos. Su presencia sigue siendo necesaria, su poder sigue siendo vigente, y su obra sigue siendo indispensable en la vida del creyente que desea agradar a Dios.
📖 Reflexión
¿Estoy viviendo la vida cristiana en mis propias fuerzas o en dependencia del Espíritu Santo?
🙏 Oración
Padre, gracias por cumplir tu promesa y enviar al Espíritu Santo. Reconozco que necesito tu presencia y tu poder para vivir como te agrada. Enséñame a depender de ti y a valorar la obra de tu Espíritu en mi vida. En el nombre de Jesús. Amén.