Quiénes somos

Somos un grupo de cristianos dedicados a dar a conocer el Evangelio del Señor Jesucristo, teniendo la Biblia como máxima norma.

Somos también una comunidad de creyentes que se considera a sí misma como una iglesia evangélica wesleyana.

Misión

Compartir el mensaje de Jesucristo por todos los medios posibles con el fin de evangelizar a las personas de la ciudad de Monterrey y área metropolitana, guiándolas a reconocer a Jesús como su Señor y Salvador para que vivan una nueva vida en Él.

Visión

Llegar a ser un movimiento con identidad propia que trabaje en el cumplimiento del mandamiento del Señor Jesús de Mateo 28:19-20 de hacer discípulos, multiplicándose en varias iglesias en plena comunión unas con otras.

Propósito

Ganar personas para Cristo mediante la exposición del Evangelio. Esto comprende que alcancen su salvación eterna por medio de reconocerse pecadores y aceptar por fe el sacrificio de Jesús en la cruz como sustituto de sus faltas. Este proceso también abarca la santificación por medio del Espíritu Santo, el cambio de mentalidad, de comportamiento, de propósito de acuerdo con el Plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Principios

Los principios de la iglesia  evangélica wesleyana La Puerta Estrecha están cimentados primeramente en las Sagradas Escrituras, la vida y obra del Señor Jesús, el ejemplo de la iglesia del Nuevo Testamento, la Reforma Protestante y el movimiento evangélico del siglo XVIII, teniendo como trasfondo el legado de práctica evangelística y reflexión teológica de Juan Wesley.

Artículos de fe que son la guía de iglesia evangélica wesleyana La Puerta Estrecha.

1. Dios y la Trinidad

Sostenemos que existe un solo Dios vivo, verdadero y eterno; de infinito poder, sabiduría y bondad. Él es el Creador y Conservador de todas las cosas, ya sean visibles o invisibles. En la unidad de esta Divinidad hay tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y éstas son de una misma esencia, poder y eternidad.

Deuteronomio 6:4, Nehemías 9:6, Isaías 6:3, Jeremías 10:10, Salmo 90:2, Efesios 4:6, Juan 4:24, 1 Timoteo 1:17, Mateo 3:16-17, 2 Corintios 13:14, Juan 10:30, 1 Pedro 2:1

2. Del Verbo, Hijo de Dios, Verdadero Hombre.

Sostenemos que Jesús, el Hijo —quien es el Verbo del Padre, verdadero y eterno Dios, y de una misma sustancia con el Padre— tomó la naturaleza humana en el vientre de la Virgen María. De esta manera, dos naturalezas enteras y perfectas, la divina y la humana, se unieron en una sola persona para jamás ser separadas. Por lo tanto, hay un solo Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, quien en verdad sufrió, fue crucificado, murió y fue sepultado, para reconciliar a su Padre con nosotros; y para ser sacrificio, no sólo por la culpa original, sino también por los pecados personales de los hombres.

I Tim 2:5, 1 Corintios 8:6, Juan 1:1,14, Col 2:9, Juan 16:28, Hechos 3:26, Juan 6:69.

3. De la resurrección de Cristo

Sostenemos que Cristo literalmente resucitó de entre los muertos, volvió a tomar su cuerpo —con todo lo perteneciente a la perfección de la naturaleza humana— con el que subió al cielo, y ahí está sentado hasta que regrese para juzgar a todas las personas en el día postrero.

Mateo 28:7, 2 Corintios 15:20, Marcos 16:6, 1 Pedro 1:3, 1 Corintios 15:3-4, Juan 20:8-9, Lucas 24:6-7, Romanos 6:5-6, Hebreos 13:20-21

4. Del Espíritu Santo

Sostenemos que el Espíritu Santo, es de la misma esencia, majestad y gloria que el Padre y el Hijo, procede de ellos y por lo tanto es verdadero y eterno Dios.

Mateo 28:19, Juan 16:13, Romanos 8:16, 1 Pedro 1:21, 2 Corintios 3:17

5. Sobre las Sagradas Escrituras

Estamos convencidos de que las Sagradas Escrituras contienen todo lo necesario para la salvación. Por lo tanto, a nadie se le puede exigir que reciba como artículo de fe, o considere como requisito para la salvación, cualquier cosa que no se lea en ellas o no pueda ser probado por ellas. Consideramos como Sagradas Escrituras a los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento de cuya autoridad nunca hubo duda en la Iglesia. Son 39 libros canónicos en el Antiguo Testamento (quedan excluidos los comúnmente conocidos como deuterocanónicos) y 27 en el Nuevo Testamento.

Salmo 19:7, Juan 5:39, 2 Timoteo 3:15, Santiago 1:21, Lucas 24:27.

6. El llamado “pecado original”

El pecado original o de nacimiento o heredado, no consiste solo en la imitación del mal ejemplo de Adán (como falsamente argumentan los pelagianos). Más bien, creemos que consiste en la corrupción de la naturaleza de toda persona que ha sido engendrada naturalmente como descendiente de Adán. Debido a esto, el ser humano está muy apartado de la rectitud original, y por su misma naturaleza se inclina al mal, y esto de forma continua.

Romanos 5:12,19, Romanos 3:23, Romanos 6:6, Salmo 51:5, Gálatas 5:19-21

7. Del albedrío del hombre

Después de la caída de Adán, la condición de la humanidad quedó tan dañada que no puede volverse ni puede prepararse —por sus propias fuerzas y méritos— para ejercer la fe e invocar a Dios. De ahí se desprende que, los seres humanos no tenemos poder para hacer buenas obras que sean agradables y aceptables a Dios, a no ser que la misma gracia de Dios –a través de Cristo– nos prepare para tener una buena disposición de voluntad, y actúe junto con nosotros para actuar correctamente.

Juan 15:16, Romanos 5:6, Efesios 2:1, Filipenses 2:13, Isaías 1:18-20, Josué 24:14-15

8. De la justificación del hombre

La única manera en la que somos tenidos por justos delante de Dios, es por los méritos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo por medio de la fe, y no por nuestras propias obras o méritos. Por lo tanto, la doctrina de que somos justificados solamente por la fe es muy saludable, llena de consuelo y está apoyada por la Escritura.

Efesios 2:9, Romanos 3:28, Romanos 5:1, Génesis 15:6, Hechos 13:39, Gálatas 2:16, Gálatas 3:11, Filipenses 3:9.

9. Del nuevo nacimiento

El Señor Jesús afirma que: “…el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). El nuevo nacimiento, también conocida como regeneración o conversión es el cambio real que Dios opera en nuestra vida, implica un cambio total de nuestras almas de manera que de pecadores pasamos a ser santos, es en ese momento en el que se restaura la imagen de Dios en nosotros y comienza el proceso de santificación. 

Juan 3:3, Romanos 10:9, 2 Corintios 5:17, 1 Pedro 1:23, Colosenses 2:13, Santiago 1:18

10. De las buenas obras

Aunque las buenas obras son fruto de la fe y vienen después de la justificación y el nuevo nacimiento, no son para librarnos de nuestros pecados, ni soportar la severidad del juicio de Dios. Sin embargo, son aceptadas y agradables a Dios por medio de Cristo y surgen de una fe viva y verdadera, de tal manera que por ellas una fe viva se puede conocer tanto como un árbol se conoce por su fruto.

Juan 14:12, Santiago 3:13, Efesios 2:10, Hebreos 10:24-25, Hebreos 13:20-21, Lucas 6:43-45

11. Del pecado después de la justificación y el nuevo nacimiento.

A quienes han caído en pecado después de la justificación y el nuevo nacimiento, no se les niega el privilegio de poder arrepentirse. Es posible que, después de que hemos recibido al Espíritu Santo, caigamos en pecado; pero por la gracia de Dios podemos levantarnos otra vez y enmendar nuestra vida. Por lo tanto, son de condenar quienes sostienen que una vez convertidos ya no podemos pecar más mientras vivamos aquí, o los que niegan la oportunidad del perdón a quienes verdaderamente se arrepienten. 

Jeremías 3:22, 1 Juan 1:9, 2:1; Apocalipsis 2:5, 2 Crónicas 7:14, Proverbios 28:13, Mateo 3:8

12. De la Iglesia 

La Iglesia visible de Cristo es una congregación de personas fieles donde se predica la Palabra pura de Dios, y se administran debidamente los sacramentos de acuerdo a la ordenanza de Cristo en todo lo que necesariamente se requiere para ello. Los cargos ministeriales de la iglesia serán dos, conforme al uso del Nuevo Testamento: pastores y diáconos.

1 Corintios 1:2, 12:12; Efesios 4:11-16, Hechos 20:28, Mateo 18:20

13. Sobre las prácticas religiosas sin fundamento bíblico

Las doctrinas romanas sobre el purgatorio, la absolución, el culto y la adoración tanto de imágenes como de reliquias, lo mismo que la invocación a los santos, son prácticas sin fundamento en las Escrituras y contrarias a la Palabra de Dios. 

Marcos 2:7, Éxodo 20:4-5, Mateo 4:10, 6:7, 26:31-46; Apocalipsis 19:10

14. Sobre los sacramentos 

Los sacramentos instituidos por Cristo no solamente son signos o señales de la profesión de fe de los cristianos, también son señales seguras de la gracia y la buena voluntad de Dios para con nosotros. Por medio de ellos, Dios obra invisiblemente en nosotros, y no sólo despierta, sino que también fortalece y confirma nuestra fe en Dios. De acuerdo con el Evangelio, son dos los sacramentos instituidos por Cristo nuestro Señor, estos son: el Bautismo y la Cena del Señor. Los sacramentos no fueron instituidos por Cristo para que fueran contemplados, ni para ser llevados en procesión, sino para que los usemos debidamente. Y sólo en quienes los reciben dignamente, producen un efecto u obra saludable; pero quienes los reciben indignamente, adquieren condenación para sí mismos, tal como dice San Pablo (1 Corintios 11:29). 

Mateo 26:26-28, 28:19; Hechos 2:38, 1 Corintios 11:23-25, 29

15. Sobre el Bautismo

El Bautismo no solamente es una señal de profesión, también es una señal de la regeneración o nuevo nacimiento y de recepción en la iglesia. Aunque la Escritura privilegia la práctica del bautismo de adultos, no estipula con especificidad la forma de realizarlo. La iglesia acepta como válido el bautismo por inmersión, por derramamiento, o por aspersión según la circunstancia especial de cada persona. 

Hechos 2:39, 9:18, 16:15, 16:33, 18:8, 22:16; Juan 3:5, Marcos 10:14, 16:16

16. Sobre la Cena del Señor

La Cena del Señor no es solamente un simple recuerdo de la obra de Cristo, más bien es el sacramento de nuestra redención por la muerte de Cristo. Tan es así, que para quienes debida, dignamente y con fe reciben este sacramento, el pan que partimos les hace participar del cuerpo de Cristo; al igual que la copa de bendición les hace participar de la sangre de Cristo. La doctrina romana de la transubstanciación (el cambio de la sustancia del pan y del vino en la Cena del Señor), además de que no puede ser probada por la Sagrada Escritura, también es contraria a las claras y sencillas palabras de la Biblia, destruye la naturaleza del sacramento, y da lugar a muchas prácticas religiosas equivocadas. El sacramento de la Cena del Señor no fue instituido por Cristo para que fuese reservado, llevado en procesión, alzado o adorado. 

Levítico 17:10-12, Deuteronomio 5:8, Mateo 5:13-14, Lucas 22:19-20, Juan 10:7, Juan 15:1-5, Juan 6:35-48, Hechos 15:28-29

17. Sobre las dos especies en la Cena del Señor

Una de las aportaciones de la Reforma Protestante es que la copa del Señor no se debe negar a los laicos, porque por expresa ordenanza y mandamiento de Cristo, ambas especies de la Cena del Señor deben ser administradas a todos los cristianos por igual. 

Mateo 26:27, 1 Corintios 11:26-28

18. De la única oblación de Cristo consumada en la cruz 

La ofrenda de Cristo, una vez hecha, es esa perfecta redención, propiciación y satisfacción por todos los pecados de todo el mundo, tanto del pecado original como de los personales. No hay ninguna otra satisfacción para el pecado sino solamente esa. Por lo tanto, el llamado sacrificio de la misa, donde se dice que el sacerdote ofrece a Cristo por los vivos y los muertos para que obtengan remisión de la pena o la culpa, es una práctica contraria a la enseñanza de la Escritura. 

Romanos 6:9-10, Hechos 4:12, Hebreos 9:28, 10:12-14, 10:26

19. De la vigencia de los dones del Espíritu Santo

El testimonio de la Sagrada Escritura, en términos generales, no pone fin a los dones y manifestaciones del Espíritu Santo, por esa razón, pueden manifestarse hoy en día. El señor Jesús usando la imagen de un padre y un hijo nos anima a pedir los dones que son “cosas buenas” (Mateo 7:11). Sin embargo; el Espíritu reparte como él quiere y es soberano (1 Corintios 12:11), por lo tanto, ningún don es requisito obligatorio para todos los cristianos en el sentido de que la ausencia de alguno implique que no se es salvo, que se es pecador, que se es menos santo. Adicionalmente a todo esto, hay que tomar en cuenta lo que dice San Pablo: “hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:4).

1 Corintios 12:1, 7-10, 28-30, 14:1, 12; Romanos 11:29, 12:6, 1 Timoteo 4:14, 2 Timoteo 1:6

20. Sobre la entera santificación

La entera santificación es una experiencia posterior al nuevo nacimiento que consiste en: a) la libertad del pecado voluntario. (1 Juan 3:9); b) la libertad de pensamientos malos y de malos temperamentos; c) amor sin obstáculos hacia Dios. Sobre esto último, Wesley comentó: “Amor a Dios humilde, amable, paciente y a nuestro prójimo gobernando nuestros temperamentos, palabras y acciones (Deuteronomio 6:5)”. Es obra del Espíritu Santo, a través del llamado: “bautismo con el Espíritu Santo”, se otorga por fe y gracia, en una vida de obediencia y sobre todo de oración.

Génesis 17:1, Salmo 51:10, Mateo 5:8, Mateo 5:48, Juan 17:17, 2 Corintios 7:1, Efesios 5:3, Hebreos 12:14, 1 Pedro 1:15-16

21. Sobre la definición del matrimonio 

De acuerdo con la Palabra de Dios un matrimonio es la unión sagrada entre un hombre y una mujer (nacidos como tales), significa para nosotros el misterio de la unión entre Cristo y su Iglesia, y es un estado honrado en el libro de Cantar de los Cantares. Ir en contra de esto es contrario a la voluntad de Dios expresada desde la creación.

Proverbios 18:22, 31:10; Mateo 19:4-6, 1 Corintios 6:9, 7:2; Efesios 5:25-26, Colosenses 3:18-19, Hebreos 13:4.

22. Del matrimonio de los ministros 

La Ley de Dios no manda que los ministros de Cristo hagan voto de celibato o que se abstengan del matrimonio. Por lo tanto, es lícito para ellos, lo mismo que para todos los cristianos, contraer matrimonio según su criterio, y conforme consideren que les sirva mejor para su devoción. 

Mateo 8:14, Hechos 21:9, 1 Timoteo 3:2, 12; 1 Corintios 9:5.

23. Sobre la relación con otras iglesias

Debemos dar la pauta para la relación con otros cristianos siempre y cuando su autoridad máxima sea la Sagrada Escritura y ésta se interprete a sí misma bajo la dirección del Espíritu Santo. No apoyamos la relación con otras iglesias, instituciones, movimientos, religiones que no estén fundadas en los principios bíblicos o donde la autoridad de figuras humanas esté por encima de la Biblia y su interpretación esté sometida al relativismo, a un magisterio  o se conciba sólo como parte de la verdad. Todo ecumenismo que no se ajuste a estos criterios debe ser rechazado.

Romanos 16:17, Hechos 2:42, 1 Corintios 3:11, 2 Corintios 6:14-18, Efesios 2:20, 4:15; Colosenses 1:18.

24. Sobre el futuro de la iglesia universal

Creemos que la verdadera iglesia universal bíblica llevará a cabo con éxito la gran comisión establecida por el Señor Jesucristo en Mateo 28:18-19 dando paso gradualmente a un tiempo de avivamiento para la iglesia a nivel mundial lo que mejorará las condiciones del mundo antes de la segunda venida. Sobre esto, Juan Wesley comentó: “Los tiempos que tenemos razones para creer que están cerca (si es que no han comenzado ya) son lo que muchos hombres piadosos han llamado el tiempo de la “gloria de los últimos días”; es decir, el tiempo en que Dios desplegará gloriosamente su poder y amor, en el cumplimiento de su bondadosa promesa de que “el conocimiento del Señor cubrirá la tierra como las aguas cubren el mar”.

Salmo 2:7-8, Salmo 110:1, Isaías 42:1-4, 1 Corintios 15:25, Mateo 28:18-19, Miqueas 4:1-4, Habacuc 2:14

25. Sobre el equilibrio entre el amor y la verdad.

Todo cristiano está llamado a amar a su prójimo sea que comparta sus ideas o no, mostrando así en su vida el mismo amor de Cristo que obró en él para su propia salvación y perdón de pecados. El amor de Dios debe reflejarse en la vida de cada creyente hacia quienes le rodean, sin embargo también es llamado a sostener, defender y difundir la verdad y denunciar aquello que no es grato a Dios invitando al arrepentimiento para tener una nueva vida en Cristo Jesús.

Proverbios 3:3-4, 21:21; Juan 4:24, Romanos 12:9, 1 Corintios 13:4-6, Efesios 4:15,  2 Tesalonicenses 3:5

26. Sobre la defensa de la vida 

La vida es un don de Dios establecido en la creación. Es deber de cada cristiano defender la vida con amor, sencillez, mansedumbre, comprensión y empatía. Prácticas como el aborto, eutanasia, suicidio asistido, etc., no deben normalizarse ya que lesionan los principios divinos consagrados en la Biblia y dan la espalda a la voluntad de Dios.

Génesis 9:6, Jeremías 1:5, Salmo 139:13, Eclesiastés 7:17, Lucas 12:22-25, Efesios 5:29