Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
Mateo 8:16-17
🕊️ Devocional
Hoy recuerda que tu condición no es invisible para Dios. Aun si tu proceso es largo, Cristo no es indiferente. Él te invita a comenzar estos 15 días con una certeza: tu historia no está definida por tu herida, sino por Aquel que tiene autoridad sobre ella.
La sanidad no es solo un tema de “sentirte mejor”, sino una señal del corazón de Dios: Él se acerca al quebrantado. Jesús no evitó el dolor humano; lo tocó, lo cargó, lo enfrentó. En el evangelio, Él no solo predica: restaura.
📖 Meditación
Detente y piensa: ¿qué parte de ti necesita sanidad hoy? A veces lo primero que pides es lo más evidente: “Señor, sana mi cuerpo”. Pero con el tiempo descubres que hay dolores más profundos: una tristeza que no se va, una ansiedad que te roba el aire, una culpa que te persigue, una memoria que se activa y te derrumba. Jesús no se asusta con nada de eso. Él no te pide que llegues “completo” para que entonces te reciba; te recibe para comenzar a hacerte completo.
La Escritura muestra un patrón: Jesús veía a la persona, no solo el síntoma. Para Él, sanar era más que corregir algo físico: era restaurar dignidad, identidad, esperanza. Quizá hoy has vivido con una etiqueta: “enfermo”, “frágil”, “dañado”, “incurable”, “así soy”. Pero Jesús te llama por tu nombre, y su voz es más fuerte que cualquier diagnóstico o pasado.
En estos días, no te enfoques solo en el resultado. Enfócate en acercarte. Hay sanidades instantáneas, sí; pero también hay sanidades que llegan por proceso: Dios fortalece tu fe, ordena tus pensamientos, limpia tus motivaciones, repara tu corazón, y en ese caminar te va enseñando a confiar. A veces la sanidad más grande es que vuelves a orar con libertad. Vuelves a dormir en paz. Vuelves a sonreír sin culpa. Vuelves a amar sin miedo.
Haz una oración honesta: “Señor, aquí está lo que duele”. No maquilles tu necesidad. La fe verdadera no niega el dolor; lo trae a Jesús.
🙏 Oración
Señor Jesús, creo que Tú eres el que sana. Traigo delante de Ti mi dolor y mi necesidad. Entra a lo profundo de mi vida y restaura lo que está quebrado. Te abro mi corazón con confianza. Amén.