¿Ya te cambiaste de religión?

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Juan 3:3.

En las personas que experimentan en su vida la convicción de la verdad de las Escrituras y deciden seguir una fe bíblica, tarde o temprano se enfrentan con la situación en la que alguien les dirá o se referirá a su caso con esa frase muy común en nuestro entorno socioreligioso: “ya te cambiaste de religión” o bien con una sorpresiva pregunta: “¿ya te cambiaste de religión?”

El concepto “cambiar de religión” es característico de alguien que conoce muy poco sobre la transformación sobrenatural que el Espíritu Santo opera en el alma del creyente, un creyente que ha “nacido de nuevo” de acuerdo con los términos bíblicos: “…el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). El concepto “cambiar de religión” es como alguien que está en la postura de Nicodemo cuando dialogaba con Jesús en ese mismo pasaje y Nicodemo contestaba: “…¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?…” (Juan 3:4) la confusión de Nicodemo era evidente, y su falta de entendimiento, porque no había experimentado ese poder transformador del Espíritu Santo. Por eso para él era un asunto “de religión”.

La religión se define según la RAE como: “Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto” esta definición no explica el proceso sobrenatural del Nuevo Nacimiento, no explica la relación abierta con Cristo, sin intermediarios, de la cual habla la Biblia, no explica el gozo y la satisfacción sobrenatural de estar incluidos en el “libro de la vida” (Apocalipsis 20:15), no explica la sensación de seguridad de estar en las manos de Dios, salvos, seguros, y sirviendo, no explica la tranquilidad de que Dios tiene cuidado de sus hijos (1 Pedro 5:7), no explica que sólo los que reciben a Cristo tienen el derecho de ser llamados hijos de Dios (Juan 1:12) y finalmente tampoco explica la relación personal con Jesús como de un hermano, amigo y coheredero de las promesas divinas junto con el resto de los hijos de Dios, (Apocalipsis 3:20) y tampoco explica la convicción dada por el Espíritu Santo de que sólo la Biblia, solo la palabra de Dios, no de un gurú, un sacerdote, un Papa, un santo, un brujo, un psicólogo, tiene la cualidad de ser llamada “palabra de Dios” y ser lo único que categóricamente, en plenitud, podemos llamar: Verdad (Juan 5:39)

No todos los lugares, aunque se llamen a sí mismos: “iglesias” pueden recibir, aceptar, creer, defender y sustentar estas verdades bíblicas que solamente su autor, el Espíritu Santo puede revelar, por lo tanto un creyente bíblico se ve obligado a buscar un lugar donde se enseñe de acuerdo a la misma verdad que ese mismo Espíritu le ha mostrado. Pero para el que pregunta: “¿Ya te cambiaste de religión?” La realidad no va más allá de la definición de la RAE, se queda en un plano muy corto, y como Nicodemo sólo se queda perplejo preguntando cómo puede ser eso posible.

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